Anónimo escribió "Cuando pasamos los cuarentaytantoslargos, por lo general nos vamos acercando a una situación inédita en la que poco o nada hemos pensado. Nuestros padres se están poniendo grandes, algunos comienzan a tener ciertas enfermedades, otros recrudecen sus conductas, algunos enviudaron o se separaron por voluntad del otro y se sienten solos... Se jubilaron, los hijos se fueron, su vida cambió. Publica tus artículos!
Ya no son los varones y mujeres que nos paternaron y bueno ... en definitiva : empezamos a sentir -empiezan también a hacernos sentir- que nos necesitan más. Que ya no alcanza con el contacto que hasta ese momento teníamos, que ya no pueden ir al médico solos, que se quedan al lado del teléfono esperando que nosotros aparezcamos... que tienen miedo de salir, de encarar situaciones cotidianas.
Y nosotros/as, que ya tenemos la vida en camino, que corremos con hijos tal vez adolescentes o jóvenes, o tal vez empezamos más tarde y tenemos hijos aún pequeños, trabajo más o menos estables, una pareja o esperamos aún encontrarla, amigos, una vida social, obligaciones, deseos, etc. ... nos encontramos frente a una nueva demanda que por lo general no teníamos calculada.
A veces comienzan siendo pequeñas situaciones que necesitan de nuestra presencia en momentos determinados; otras, enfermedades graves que nos involucran de lleno ... Sea como sea la situación irá empeorando con el tiempo y se nos dificulta el manejarla y manejarnos en ella.
Si tenemos hermanos con quienes compartir la responsabilidad, sin no los tenemos, si los tenemos pero no cuenta, son particularidades que van determinando cómo encarar la situación.
Cómo alentar sus aspectos aún independientes suele ser un problema, sin embargo debemos acompañarlos a que no pierdan más de lo imprescindible. Que sigan o empiecen a salir a caminar, a un paseo, que se ocupen de quehaceres necesarios y factibles para sus posibilidades reales. Que -porqué no- encuentren una nueva actividad, un nuevo espacio donde desarrollar una sociabilidad por lo general relegada.
Buscar una cercanía óptima en situaciones de dependencia suele no ser sencillo de resolver -desde lo económico y lo afectivo-, pero una alternativa a la que no hay que renunciar y buscarle la vuelta. Que pasen a vivir más cerca de nuestra casa para poder acompañarlos mejor, no significa que dejen de tener un espacio propio donde desarrollar una vida lo más independiente posible. Estar junto a ellos en los momentos críticos, no tiene porqué significar dejarles de alentar sus aspectos independientes. Buscar para ellos la seguridad necesaria para las actividades cotidianas, no tiene porqué significar hacerlas todas por ellos. Elegir una persona que nos y los ayude en la cotidianeidad, no tiene porque ser vivido como un modo del abandono.
Encontrar el modo de hacerles y hacernos sentir y saber que estamos, poder mostrarles y sentir que estamos gustosos acompañándolos, sin por eso dejar nuestra vida, es el difícil equilibro a lograr.
La vida es como un músculo, más se desarrolla cuando más se utiliza : no privarlos de su vida, de sus espacios, acompañarlos a que encuentren ellos cómo continuar en su construcción, es una premisa...
Para los hijos no nos es posible hablar con nuestros padres de su situación, de sus sentimientos, afectos, miedos, de la cercanía que van sintiendo de la muerte ... Y tampoco tendríamos porqué poder hacerlo... Entonces es perfectamente factible proponerles y acompañarlos a buscar ayuda, tal vez incluso por primera vez en su vida, ¿porqué no??.
Un espacio propio donde poder escucharse y elaborar este tiempo, no significa que nosotros nos desentendamos, sino que reconozcamos nuestro límite, y su necesidad : buscar nuevos sentidos para su vida.
Todo esto mejor lo podemos encarar cuanto más podemos preservar nuestros espacios sin sentir por eso que "se los estamos quitando a otros (nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros padres, nuestro trabajo)" que -efectivamente- todos nos necesitan, como nosotros nos necesitamos más allá de esta nuevo tiempo de ser "padres de nuestros padres".
A lo mejor nosotros también necesitamos ayuda... ver envejecer a los padres, pensar en su muerte, es un momento crítico que nos retrotrae a nuestros miedos más primarios : el de la orfandad infantil reeditada en la adultez.
Cada familia "tramita" el acompañamiento a "sus viejos", según transcurrió su relación hasta ese momento. Cómo se incorporan las limitaciones de los mayores, qué lugar estos tuvieron en la familia, qué lugar ocupan hoy, tiene relación con cómo esa familia se relacionó hasta ese momento, el respeto y el reconocimiento de las individualidades que tuvieron.
Por mejor que sea, el cuidado de personas mayores que no están bien física, psíquica y/o emocionalmente, no puede recaer sobre una sola persona, ni siquiera a sueldo. Conlleva un desgaste físico y emocional que produce un sindrome conocido como "burnning" que no sólo afecta al cuidador, sino que afecta a la persona que requiere de cuidados.
La institucionalización es el último recurso apelable, inevitablemente necesario a veces frente a patologías psíquicas severas (demencia senil, alzheimer). Un espacio respetuoso de su individualidad, de su libertad, de sus posibilidades y de su dignidad de persona integral, suele ser una alternativa inviable para una economía media.
Con organización, con límites posibles, con solidaridad, acompañar a nuestros padres cuando nos necesitan como cuando éramos niños, es una posibilidad que podemos darnos.
María Adela Mondelli
Consultora Psicológica
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Editora del Semanario Vivir Mejor vivirmejoronline-alta@egrupos.net
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