NATXO escribió "Los contenidos formativos universitarios aportan mucho conocimiento teórico, pero no preparan para la adaptación al mercado laboral. No se trata de que los alumnos solamente memoricen libros, también deben resolver problemas reales y tener en cuenta su inteligencia emocional, porque al final lo que deberán dominar es cómo desenvolverse de la mejor manera posible en la empresa donde trabajen.Publica tus artículos!
El profesor de Economía Ginés Mora ha presentado un informe donde revela que los contenidos formativos universitarios aportan mucho conocimiento teórico, pero no preparan para la adaptación al mercado laboral.
Los empresarios ya no valoran tanto la competitividad dentro de la empresa: la cooperación o la actitud positiva hacia el trabajo se ha convertido en algo mucho más considerado; saber relacionarse con los compañeros de trabajo o la flexibilidad y la capacidad de adaptarse a diferentes situaciones son aspectos muy apreciados.
Hoy en día hay mucha gente trabajando únicamente con máquinas, aislada de los seres humanos, pero cada vez escasean más las personas con una cierta habilidad para relacionarse con cualquier individuo que se ponga delante. Esto lo saben bien los profesores que tienen que enfrentarse a cientos de alumnos cada semana ya que es uno de los colectivos con más bajas laborales por visitas al psicólogo.
Este aplicado profesor valenciano se ha dado cuenta de que la meta no debe centrarse solamente en el cúmulo de conocimientos: en la actualidad, los cambios tecnológicos son tan importantes y numerosos que las calificaciones quedan rápidamente obsoletas; además, el actual sistema educativo no hace hincapié en habilidades como capacidad de pensamiento independiente, asumir responsabilidades u obtención directa de experiencia laboral.
La vieja costumbre de hacerle la rosca al jefe se ha quedado como una escasa habilidad; ahora es básico que exista una buena relación con un equipo de trabajo, hablar por teléfono sin dificultad y atender a todo tipo de clientes, incluso bajo la presión de cualquier aspecto negativo. Un ejemplo es el arquitecto que, con palabras y un dibujo, no explica con claridad a un cliente el edificio que piensa diseñar: seguramente tendrá la mitad de clientes que el que tiene la habilidad de saber vender lo que ofrece.
Natxo Monzó
Publicado en SAFOR GUÍA
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