Anónimo escribió "Aprendamos a recibir a un desconocido correctamente, a presentarnos ante alguien con el respeto que tanto él como usted mismo merecen y a tratar y que nos traten de igual modo.
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Hoy en día no es infrecuente observar cómo al entrar en una tienda o en un restaurante nos reciben con un: “¡Hola chicos!”. Tratando de hacer memoria no paro hasta admitir que a ese señor que, tan familiarmente me habla como si fuésemos colegas de toda la vida y nos encontráramos cada domingo en la taberna, no lo conozco de nada.
Así planteado, este argumento puede resultar snob y pedante, pero nada más lejos de la realidad. Me explicaré. Si yo me dirijo a usted, señora o señor ignoto, con el que nunca he tratado y a quien no tengo el placer de conocer ¿qué piensa que es lo más lógico: hablarte como si fueras mi compi de clase o, por el contrario, mostrarle el respeto que merece por serme extraño?
Una de las reglas básicas de urbanidad y cortesía argumentan que dos o más desconocidos nunca deben tutearse sin haber sido previamente presentados. Después, y sólo cuando hayan adquirido el grado de confianza suficiente, será el momento de decidir entre ambos si desean o no tutearse
¿De qué medidor nos valemos para fijar el nivel al que es deseable llegar? Ese medidor es nuestro propio apetito, la empatía que despertemos en nuestro interlocutor y la que él mismo, a su vez, proyecte sobre nosotros. Si conectan rápidamente y son personas con un carácter abierto enseguida convendrán en tutearse. Con todo, si su personalidad es más retraída y les gusta marcar mucho las distancias, deberá pasar más tiempo hasta alcanzar ese punto. Pese a ello, pueden encontrarse con personas cuya educación o costumbres les lleven a tratarles toda la vida de “usted” por mucha confianza que manifiesten.
Lo importante de todo esto es que aprendamos a recibir a un desconocido correctamente, a presentarnos ante alguien con el respeto que tanto él como usted mismo merecen y a tratar y que nos traten de igual modo.
Tal como argumenta el diplomático J. A. de Urbina, “El usted es la expresión de respeto a las personas. Debe usarse, además, como primer escalón del tratamiento a las personas”.
Para aterrizar lo más oportunamente posible, veamos cómo este término ha de usarse en los siguientes procesos:
• Cuando conozcamos a una persona de quien anteriormente no teníamos conocimiento, previa introducción o no. De forma particular si tienen más edad o están en un escalafón superior al nuestro.
• Respeto a las jerarquías, esto es, jefes o personas de superior categoría.
• Cuando hablemos con alguien de mismo nivel pero que no conozcamos.
• Con las personas de inferior cota.
• Al dirigirnos a personas que, por su laya o trabajo no tienen permitido el tuteo.
El momento para adoptar el tuteo es:
• Cuando alcancemos ese lazo de unión suficiente para desear el cambio.
• Con las personas de mayor rango jerárquico, cuando nos lo pidan encarecidamente. De este modo estaremos mostrando nuestro profundo respeto y evitaremos caras rojas.
• A las personas con las que compartimos nivel podemos comenzar a tutearlas con brevedad. Generalmente, esta disposición se tiende favorable al acercamiento.
• A las personas de inferior nivel, por ejemplo, un/a secretaria/o, es desaconsejable el tuteo por respeto y por evitar faltar a la disciplina.
• Las personas a las que no se les tiene permitido el tuteo, sería una descortesía, a la vez que una falta de respeto, no tratarlas igual que ellas a nosotros. Cada vez es más frecuente pasar de lado esta regla, especialmente en los establecimientos, pero sepan que mantener el “usted” es del todo fulminante y acertado en este caso.
Saber tratar y ser tratado no supone denigrar o rebajar la naturaleza de otros seres humanos. Muy al contrario, presume un conocimiento del auténtico respeto por lo que son y la labor que desempeñan los demás, lo que jamás excusa el trato vejatorio o las respuestas inoportunas e hirientes.
Autora: Begoña Delgado Sánchez-Moreno
Dísora Protocolo y Comunicación - www.disora.com
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