Pero en el mismo lugar
también había un niño. Este niño quería engañar al viejito sabio. Y para
conseguirlo, tomaba diferentes objetos entre sus manitas, iba con el sabio y le
decía:
- "A ver
viejillo sabio, ¿qué tengo entre mis manos?".
El sabio con mucha
paciencia le decía:
- "Sabes,
tienes una piedrita roja".
El niño comenzó a
desesperarse porque cada vez que se presentaba con este sabio, le adivinaba las
cosas que tenía entre las manos: "Tienes una canica. Tienes una luciérnaga.
Tienes una bolita blanca".
Pero en una ocasión
en que el niño salía de estar con el sabio pensó.
- "Tengo que
engañar a este sabio. Yo se que no es sabio, pero, cómo lo hago. ¡ Ya se !
buscaré un árbol y me subiré a él. Es lógico que en ese árbol encuentre un
nido, pues bien, buscaré el nido. Obviamente en ese nido tendrá que haber
pajaritos, pues bien, tomaré un pajarito entre mis manos e iré con el sabio y
le preguntaré: a ver, viejillo sabio, ¿qué tengo entre mis manos?. Como el
dice que es un sabio me dirá: tienes un pajarito. Entonces yo le preguntaré:
¿está vivo o está muerto?. Si el me dice, está vivo, lo voy a comenzar a
apretar hasta matarlo abriré las manos y le diré; No, mira está muerto. Pero
si me dice, está muerto, entonces abro las manos y le digo; No, mira está
vivo".
Ante estos
pensamientos el niño se pone muy contento por poder engañar al sabio. Y cuando
a los niños se les mete algo a la cabeza hasta no lograrlo, así es que el
pequeño busca el árbol, encuentra el nido, también encuentra el pajarito lo
toma entre su manos y va a ver viejillo sabio y le dice:
- "¿Qué es
lo que tengo entre mis manos?".
El viejito le
responde:
- "Sabes,
tienes un pajarito".
El niño, se pone
contento por ver que el plan va viento en popa. Y le dice:
- "Es cierto.
Yo se que tú eres un sabio grande, que nada es imposible para ti. Que nadie en
la tierra tiene esa sabiduría que sale por tus mismos poros, pero dime: ¿está
vivo o está muerto?".
El viejito sabio,
conservando su serenidad, le dice:
-"La decisión
es tuya".