Con el tiempo, aprendes la sútil diferencia que hay entre tomar la mano de alguien y encadenar a un alma.
Y aprendes que el amor no significa apoyarte en alguien, y que la compañía no significa seguridad.
Y empiezas a entender que los
besos no son contratos, ni los regalos, promesas.
Y empiezas a aceptar tus derrotas
con la cabeza en alto, con los ojos bien abiertos, con la compostura de un
adulto, no con el rostro compungido de un niño.
Y aprendes a construir todos tus
caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para
hacer planes.
Con el tiempo, aprendes que
incluso los agradables rayos del sol queman, si te expones a ellos demasiado.
Por lo tanto, siembra tu propio
jardín y adorna tu propia alma, en vez de esperar a que alguien te lleve
flores.
Y así aprenderás que en
realidad puedes sobrellevarlo todo, aún si esas cosas te lastiman mucho porque
en verdad eres fuerte y te mereces otra oportunidad para ser feliz.
Y que en realidad vales mucho
aunque no te sepan valorar.
(Aportado por Mª Cristina Díaz
y Silvia Binder de www.traslasierraturismo.com.ar)