re escribió "¿Cosa de hombres o de mujeres? Aún cuando la naturaleza nos haya dado características que hagan que nuestros roles naturales sean diferentes, hay áreas que pueden ser compartidas entre hombres y mujeres sin necesidad de competir. Ya no estamos en la época en la que los roles venían impresos casi genéticamente. En la actualidad, nadie tiene que demostrarle nada a nadie, cada quien tiene su propio potencial y valor, sea hombre o mujer, y deben desarrollarlo respetándose mutuamente.Publica tus artículos!
Todos los seres humanos buscamos unirnos en grupos sociales de convivencia. Estos grupos sociales tienen como célula fundamental la familia, que en nuestra sociedad occidental, ésta definida según Claude Lévi-Strauss, como la unión en matrimonio de un esposo, una esposa e hijos nacidos de esa unión. Sus miembros se mantienen unidos por lazos legales, económicos y religiosos. Además, en ésta unión se establece una red de prohibiciones y privilegios sexuales y una cantidad variable y diversificada de sentimientos psicológicos como amor, afecto, respeto, temor, etc. En oposición a este enfoque, Radhika Coomaraswamy defiende que no se debería definir la familia mediante una construcción formalista, nuclear, la de marido, mujer e hijos. La familia es el lugar donde las personas aprenden a cuidar y a ser cuidadas, a confiar y a que se confíe en ellas, a nutrir a otras personas y a nutrirse de ellas.
Con construcción formalista o sin ella, la búsqueda y encuentro de dos seres para unirse y formar una familia se da naturalmente, como manda la madre naturaleza: hombre – mujer.
¿Que sucede entonces? Comienza el ritual de enamoramiento, cada uno tratando de mostrar lo mejor de si, aún cuando muchas veces haya necesidad de maquillar o exagerar un poco. Luego se pasa a la segunda etapa en donde se establece una relación de exclusividad, “tu estas conmigo, yo estoy contigo” o como expone Lévi-Strauss “prohibiciones y privilegios sexuales”, además se hacen promesas de amor eterno, y de entrega incondicional.
En la tercera etapa la unión, puede o no, hacerse formal a través de las ceremonias correspondientes, con velo y corona, de blanco la novia, de negro el novio. Y por fin llega la consolidación, el “broche de oro” de toda relación “bien conformada”: la descendencia.
Es aquí donde comienza la vida real en pareja. Pero, ¿Cómo se hace la vida real?
Si nos ponemos a analizar la vida desde que el mundo es mundo, nos damos cuenta que la vida real se va haciendo según sean las necesidades humanas.
Sedentarios, nómadas, recolectores, cazadores, guerreros, conquistadores. La forma de vivir, agruparse o relacionarse era producto de las circunstancias y del deseo inconsciente de preservar la raza humana, y en épocas anteriores las circunstancias daban suficiente como para que, al establecer una relación o sociedad de pareja, cada quien asumiera un rol específico de trabajo y de esa manera se compartían las tareas para sostener y mantener armoniosa esa sociedad conyugal.
Era así, que el hombre al ser más fuerte físicamente salía a enfrentar todas las vicisitudes externas para encontrar el sustento alimenticio de toda la familia, era el proveedor. Y la mujer, al ser la paridora, la que físicamente quedaba impedida de salir a enfrentar situaciones externas, se quedaba en su casa atendiendo su propio embarazo, a su pareja y a toda la descendencia que pudieran tener, eso sí, administrando muy bien lo que su esposo traía para el sustento de todo el grupo familiar.
Analizando ésta parte de la historia, pareciera que la misma naturaleza ya definía claramente cuales eran los roles que debían asumir cada miembro de la relación. Todo era más fácil, no había competencia, cada quien asumía su rol en forma natural, casi como un mandato de genes.
Con todas éstas situaciones naturales que afectaban al hombre y a la mujer, ¿a quien se le podía ocurrir pensar que ella podía asumir roles masculinos y que el hombre asumiera roles femeninos, desobedeciendo al mandato de la naturaleza?
Ahora bien, se han dado cuenta que durante toda la narración he conjugado los verbos en pasado.
Revísenlos nuevamente, si así lo desean, y se darán cuenta que si, todos están conjugados en pasado. Es que me sale en forma natural.
Actualmente para cualquier mujer, contar una historia como ésta, le sale en forma natural conjugarlo en pasado. Y reflexionando, me doy cuenta que desde hace mucho tiempo, las circunstancias son otras. No ha cambiado la necesidad de subsistencia, ni la de preservar la especie humana, pero si la forma de lograrlo, por lo menos la de subsistencia. La de preservar la especie humana se ha estado intentando de otras formas (clonación), pero todavía no hay nada definitivo.
En fin, la subsistencia ya no es tarea exclusiva del hombre. Él ya no es el único proveedor, ahora la mujer asumió también el rol de proveedora, sin dejar de lado los que ya la naturaleza le ha asignado. Y es que no puede. Como puede decirle a la naturaleza ¡quiero tener mis propios descendientes pero sin parir! Si puede dejar de alimentarlos, si así lo desea, desperdiciando ese alimento maravilloso que da la naturaleza, pero no puede dejar de parir si desea tener su propia descendencia.
Entonces, como ya les dije, asumió más roles, no los cambió por otros, lleva una carga más grande. Parir, amamantar, la atención a la familia, la administración del hogar, hacer que las cosas funcionen más o menos en forma organizada, siguen siendo responsabilidad de la mujer.
Y el hombre, pobre hombre, para lo único que sigue sirviendo es para ser proveedor, y ahora tiene competencia. ¿Y con que compite el? El no puede asumir los roles que son de la mujer por naturaleza, y aún sigue resistiéndose a asumir responsabilidades de administrar y de hacer que las cosas funcionen, como dije anteriormente, más o menos en forma organizada en el hogar. Se ha involucrado en ayudar de alguna forma, pero con dificultad. Le cuesta mucho asumir un rol, que no entiende. Siente que al hacerlo pierde poder, y ya es suficiente haber perdido el control de la proveeduría.
Pero ¿cual es el problema de asumir o mantener roles de hogar? ¿Por qué se ha subestimado de tal forma el trabajo del hogar al punto que ahora, mejor dicho desde hace algunos años hasta hoy, las mujeres cuando no se profesionalizan o no trabajan en la calle se sienten minimizadas entre ellas mismas? Son las más severas a la hora de juzgar la labor que realiza una mujer en la actualidad, principalmente cuando esa labor se realiza solamente en la casa de familia.
Es una lucha intestina entre lo que es ser mujer por naturaleza, lo que hace una mujer para atender su hogar, y lo que es capaz de hacer una mujer preparada profesionalmente. Tan capaz como cualquier hombre, porque estas capacidades no tienen género, ni sexo; se tienen o no se tienen, la persona se prepara o no se prepara para desarrollarlas, sea hombre o mujer, sólo tiene que ser UNA PERSONA. Estas facetas no están reñidas entre si. Es la actitud de la mujer la que hace que exista o no armonía en el desempeño de estas actividades en forma simultanea.
¿Y los hombres? Pobre de aquel que sienta placer de compartir, o asumir en su totalidad, el trabajo del hogar. “Mandilón”, “sometido”, “palomino”, son algunos de los epítetos que reciben éstos pocos hombres evolucionados que han entendido, que así como la mujer puede y ha asumido tareas que antes le eran atribuidas solo a ellos, lo más lógico es que ellos, asuman tareas que antes le eran atribuidas a las mujeres, sin competencia, sin enfrentamientos.
Aún cuando la naturaleza nos haya dado características que hagan que nuestros roles naturales sean diferentes, hay áreas que pueden ser compartidas entre hombres y mujeres sin necesidad de competir. Ya no estamos en la época en la que los roles venían impresos casi genéticamente. En la actualidad, nadie tiene que demostrarle nada a nadie, cada quien tiene su propio potencial y valor, sea hombre o mujer, y deben desarrollarlo respetándose mutuamente.
Lo que concierne a la pareja debe ser negociado, consensuado en acuerdos que satisfagan a la sociedad conyugal, sin sacrificios, ni entregas sumisas que puedan servir como pases de facturas más adelante.
Entonces, por qué seguimos enfrentándonos hombres y mujeres, cuando de lo que se trata es de vivir en pareja armónicamente, como debe ser en toda sociedad conyugal, y si ésta es una sociedad conformada por dos socios a partes iguales, lo más lógico es que las responsabilidades tengan el mismo valor para ambos. Es más, no hay distinción de género en las actividades laborales sean fuera o dentro del hogar. Esto es solo la percepción de una sociedad que se dice moderna, pero que aún mantiene esos viejos esquemas mentales que la mantienen en el pasado.
¿Y quienes conforman esa sociedad? Nosotras y nosotros, mujeres y hombres.
Y siendo así, la responsabilidad de evolucionar es sólo nuestra.
Por: Rosemilia Cohen Liscano
Revista AquaVita
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