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 Tres flores blancas en el muladar

Relatos para ReflexionarAnónimo escribió "Fragmento de cuento escrito en prosa lírica, que describe las vivencias de la guerra, ante los ojos de los niños. Tres Flores Blancas en el Muladar, es una obra incluída en el libro El Otoño en los ojos de un niño (dedicado a Emmanuel)

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Daniela fatigada y muy débil abrió la puerta de la humilde habitación, tiró la gorra lejos, dejando en libertad su cabello castaño ensortijado y se quitó las botas militares. Sus pies estaban enrojecidos y con muchas ampollas. Respiró profundamente y miró la fecha en el almanaque que estaba suspendido en la pared, hoy cumplía dieciséis años. Tomó el pequeño álbum de fotos familiares que había en su mochila tirada en un rincón y al mirar en las páginas amarillentas, dos caritas sonrientes la hicieron pensar en su pasado. Cerró los ojos por un breve instante y un rictus de amargura se dibujó en sus labios que todavía parecían de niña.

Los recuerdos de la infancia acudían a su memoria, como un desfile de fantasmas mudos, que danzaban grotescos y burlones, tomados de la mano bajo la tenue luz de una lámpara de kerosén y luego huían despavoridos entre cortinas de humo, ahuyentados por risas infantiles y cantos de gorriones que plasmaron sus notas melodiosas, en la sonrisa cálida de la abuela Isabel. La brisa calurosa que se filtró entre las grietas de la pared dañada, trajo del muladar cercano un olor añejo a madera podrida, a cigarros y a tufo. El delicado roce de la cola de Peggi su consentida gata parda, ronroneando feliz, sobándose en sus piernas, la hizo volver a la realidad.

Tiro el álbum de fotos sobre la mochila; mirándose al espejo levantó su camisa camuflada y con las manos temblorosas frías, contemplando su vientre levemente abultado, dibujó en el un corazón pequeño, como si pretendiera que la frágil criatura que estaba en gestación, lo mirara y sonriera. Daniela era delgada y su vientre tan pálido y tan suave, como los blancos pétales de una rosa escarchada de rocío. Con agua fría, quiso borrar el rastro de sus lágrimas y luego de servir un poco de alimento en la vasija de Peggi, se tendió en el destartalado catre, colocó la almohada sobre sus ojos y nostálgicamente contempló sus recuerdos.

Una y otra vez veía entre sus sueños el rostro inolvidable de su hermana, los hoyuelos pequeños definiendo con gracia el candor de su risa y su cabello despeinado al viento enredado en las hojas de los árboles, cuando subía en sus ramas para alcanzar los mangos amarillos y curiosear de cerca, los nidos solitarios. La tímida sonrisa dibujada en el pálido rostro de la niña mujer, tendida boca arriba sobre el vetusto catre, más que sonrisa parecía una mueca, un gesto de dolor perdido en el silencio, sin más testigo cerca que Peggi, la consentida gata parda que tierna ronroneaba recostada a sus pies.

Dos años han pasado tan lentos y sombríos, que quisiera arrancar de su memoria todos esos recuerdos, con la facilidad que se desprenden las hojas desteñidas del almanaque de su habitación. Dos años han pasado rasgando la inocencia de su vida, de callado martirio, de violencia y terror, de sollozos ahogados, de ilusiones marchitas y de noches febriles entre rastrojos húmedos que albergaron cadáveres sin nombre, alimañas, serpientes y borrachos lascivos, de violencia y de sexo. Dos años anhelando que el tiempo se hubiera detenido un día antes de su cumpleaños, cuando la abuela regaba su jardín, mientras el exquisito aroma de los naranjales coronados de flores, jugaba en su cabello y en las rígidas trenzas de Mariana, adornadas con cintas de colores. Dos años anhelando ir al colegio, al cine y a la plaza; noches enteras recordando su cálida familia y la comida recién preparada con sabor a laurel, cilantro y leña. Dos años dibujando entre sus sueños la silueta delgada de la abuela, en el umbral lejano de su infancia, cuando tomada de la mano de Mariana, se perdían entre risas y juegos infantiles, en el sendero de los platanales.

Sobre el vetusto catre, Daniela sintió su frágil cuerpo flotando entre las nubes y llegó hasta su oído el ronronear mimado y hechicero de su gatita parda; luego una luz sublime acarició su frente y la canción de cuna que su madre cantaba, invadió las montañas quedándose su eco en los nidos pequeños solitarios y posando sus notas en el pálido vientre nacarado, como si pretendiera arrullar en su seno cristalino marchito, al pequeño capullo que se extingue, sin llegar a nacer.

Austeros han pasado los meses y los años. Los absorbió la tierra cubriéndolos con lluvias y veranos que transformaron su pesada marcha, dando a luz bellos árboles con frutos suculentos de preciosos colores y sabor exquisito. Los pajarillos cantan, hay nuevas mariposas, exóticas iguanas y ardillas con la cola espelucada, pasean tranquilamente por allí.

Desde hace muchos meses, Simón el labrador y la abuela Isabel, han visto con asombro que entre risas y cantos, dos niñas se pasean tomadas de la mano por el sendero de los platanales; las dos parecen ir rumbo a la escuela. A veces correteando, la más pequeña arroja sobre el lecho del río, las cintas de colores que sostienen sus trenzas y su cabello alborotado al viento, se enreda entre las hojas y ramas de los árboles, cuando observa los nidos pequeñitos y procura alcanzar mangos maduros. La otra muy feliz, corriendo junto a ella parece divertirse, en el fallido intento de alcanzarla. En la morada aquella perdida y solitaria, donde duerme Daniela para no despertar, el muladar cercano se vistió de alegría y primavera.

Dicen que han escuchado a dos niñas cantar y la sonrisa tierna de un pequeño bebé, se esparce con la brisa y traviesa se esconde entre las grietas de la pared raída de la casita vieja. Justo desde ese día que marca el almanaque que se haya suspendido en la pared, despertaron tres flores primorosas, radiantes y divinas... Blancas como la nieve y las perlas de nácar que parecen sonrisas brotando de una herida muy profunda en el mar… “Coincidencia casual” ¿Quién lo diría? “¡Tres Flores Blancas en el Muladar!”

Marta Lilián Molano L (Colombia)
http://el-otonio.blogspot.com

Fragmento del libro El Otoño En Los Ojos De Un Niño (Género: Poesía) Para adquirir este libro visita: http://www.lulu.com/content/1407977

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