Ocurrió durante los años de la dictadura, creo que en 1981 o 1982.
Cuando llego a una de las Escuelas donde estaba trabajando, encuentro a un gurí en la puerta de la Dirección. Era uno de esos muchachos correctos y me extrañó verlo lloriqueando, por eso le pregunté qué había pasado. La respuesta no se hizo esperar: "Yo nací pa’ ser pan flauta"; lo inesperado de la misma me impactó y por un instante, el análisis del estado mental de Píres (así se apellida) estuvo rondando por mi cabeza.
Tal vez porqué yo estaba
descansado y bien comido y fundamentalmente, porque el muchacho era uno de los
buenos "alumnos", lo invité a ingresar a la Dirección para conversar
más tranquilos.
Habiendo superado esa media
lengua de hablar y llorar al mismo tiempo, logré que me respondiera qué era lo
que había pasado y su contestación me terminó de desorientar: "No
nací pa’ pan de molde".
Pudo ser que me viera la cara de
asombro ya que, de inmediato, comenzó a explicar mejor la cosa.
Tuvo un entredicho con la maestra
y ésta lo expulsó de la clase, juzgando él como equivocada la acción de la
maestra.
Él era hijo de uno de los
panaderos de la ciudad y también trabajaba en la panadería, por lo que sus
vivencias estaban impregnadas por la levadura y el horno. Me explicó que el pan
de molde se hornea dentro de una caja cerrada (un molde con tapa deslizante),
por lo cual en la última leudada, la masa sólo puede extenderse hasta el
contacto con todas las caras internas del prisma. Por esto, la distribución de
los "ojos" es uniforme y las características esenciales de los panes
de sandwich son siempre las mismas: "ojos" de igual tamaño, cáscara
de igual espesor y cocción perfecta desde todas sus caras por el contacto
directo con la chapa del molde.
Por el contrario, el pan flauta
tiene comportamientos disímiles; ya que sus cortes son efectuados a mano por el
maestro panadero, la última leudada no tiene límites y finalmente la ubicación
en el horno influye en que este pan tenga "ojos" de distintos tamaños,
un pan que a igualdad de peso tiene distintos volúmenes y panes que por su
comportamiento dentro del horno y por su posición, se tuercen o se
"paran".
Concluida su explicación, se
calló la boca y por mi parte, no supe qué decir.
Fue un instante casi mágico...,
el silencio de Píres y la sensación que se me mojaban los ojos.
Eduardo "Lalo" Soto
Rossi
Publicado en NEXO Sport N 90 – noviembre 1989 – Uruguay
(Esta relato lo escribió un
querido amigo "internáutico", Lalo. Me la mandó hace dos o tres años,
antes de que nos dejara. Ahora descansa en algún lugar de la eternidad. Ojalá
haya encontrado la paz que tanto anhelaba.)