rsalas escribió "Jung Chang es una escritora China que acaba de publicar el libro Mao escrito a cuatro manos junto con Jon Halliday. Anteriormente había escrito la novela Los Cisnes Salvajes en donde describe la historia de su abuela, su madre y ella misma en la China del siglo XX. Pero no voy a repetir la novela, sería entre otras muy pretencioso de mi parte, ni siquiera una reseña, para dejarles la espina de leerla algún día, voy a referirme a las paradojas de la vida de la madre.
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Nacida en la década de los años treinta del siglo XX, la mamá de Jung Chang viendo las atrocidades de los japoneses y después del Koomintang, decide trabajar para los comunistas con dedicación y amor desde que contaba los trece años. Les entregó lo mejor de si, como mujer fue valiente en las largas caminatas y en las trincheras bajo el fuego enemigo, apoyando al ejercito de Mao en la conquista del poder, así como ella hubo muchas mujeres que finalmente fueron dejadas de lado por el régimen y en ocasiones acusadas de apoyar al enemigo.
Historias paradójicas como esta se han presentado a lo largo de la historia. En muchas ocasiones los países han ido a la guerra y han dejado a las mujeres a cargo, como en el caso de los Estados Unidos en la segunda guerra mundial, y cuando regresaron los hombres llegaron a ocupar los puestos que ellas ocuparon y las relegaron nuevamente.
Recordemos a Sholoshov cuando describe al hombre en la guerra llorando sus tristezas y escribiéndolas a su esposa como un miserable que no entendía que ella estaba sufriendo aún más que él porque de ellas dependía que el hogar, la casa, el pueblo y la nación existieran cuando regresaran así ganaran o perdieran.
Recordemos la tarea titánica de las mujeres en la revolución francesa, un grupo de ellas fue la que detuvo finalmente al rey y lo devolvió a París para que fuera ajusticiado, poco tiempo después no fueron tenidas en cuenta y nuevamente pasaron a la marginalidad a la que estaban sometidas.
Estas historias paradójicas de siglos recientes se pueden repetir con personajes y pueblos de la antigüedad y con historias y poblaciones del mundo de hoy.
La leyenda de las cruzadas, o podríamos decir la historia, al fin y al cabo los personajes si existieron, cuenta que Ricardo Corazón de León se encontró con el sultán Saladino en Palestina finalizando el siglo XII. Ambos se jactaban de sus espadas. Ricardo consideraba su espada la mejor, era de hechura hombre, tosca, recta y pesada. Para demostrar su poder la levantó con sus dos manos y la golpeó con todas sus fuerzas contra una maza de acero que se volvió pedazos que saltaron cubriendo todo el recinto. Saladino, con sus ojos grandes y expresivos miró alrededor, tomó la espada de hechura mujer, esbelta, ligera y de un azul opaco que, visto más de cerca, era producido por una textura compuesta de millones de curvas oscuras en un fondo blanco. Para demostrar su poder colocó el extremo de la espada sobre un cojín y la dejó caer poco a poco cortándolo suavemente, reforzando su poder elevando un velo en el aire y cortándolo con la espada con un golpe suave y veloz. Lo más paradójico fue cuando los europeos trataron de determinar porque estas espadas eran así. Buscaron metales en Damasco, en Siria y en Persia, los mezclaron con sus propias mezclas y no pudieron encontrar esa calidad.
La dureza y tenacidad de los aceros de las espadas del medio oriente se logró como las mujeres han logrado un espacio, con pobres recursos y con tiempo.
Saladino tenía la espada que mostró a Ricardo con mezclas no de más metales finos sino de más carbón y con trabajó de sus antepasados no hecho en unos años sino en siglos.
Reconozco en Dianny, mi esposa, la tenacidad de las mujeres cuando es capaz de conjugar el amor filial con sus creencias y moral sin desmoronarse frente a las adversidades.
Un saludo a las mujeres en su día de 2006
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