La violencia sexual no es un fenómeno exclusivo de países en conflicto o inestables, "ni de negros o latinos salvajes". Las cifras que registran los países del Norte demuestran que también aquí es una práctica recurrente. En países en paz, esa violencia que va desde la violación hasta la esclavitud sexual, pasando por los matrimonios forzosos o precoces, está ejercida por la pareja o el entorno familiar. Publica tus artículos!
Así, durante la guerra de Liberia dos terceras partes de la población femenina sufrió abusos, pero se calcula que en EE. UU. hay 700.000 violaciones al año; que en Gran Bretaña el primer violador es la propia pareja y que en general, en Europa, la primera causa de muerte de mujeres de 15 a 40 años es la violencia de género. Es una tragedia "bien repartida" sobre la que incide el informe anual de Médicos sin Fronteras (MSF), hecho público en vísperas del Día de la Mujer.
En los últimos años, señala el documento, cientos de miles de mujeres afectadas por los conflictos en todo el mundo han sufrido la misma situación que en el reciente caso de Darfur. En República Democrática del Congo (RDC), República Centro Africana, Liberia, Sierra Leona y Guinea, decenas de miles de mujeres y niñas han sido violadas, golpeadas, torturadas, mutiladas... una violencia que a menudo forma parte de la estrategia de guerra y se ejerce en grupo, en reunión.
"Es una violencia que no siempre se produce por la misma razón", señala Christelle Boulanger, especialista de MSF en violencia sexual y una de las expatriadas que ayuda a identificar asuntos de derechos humanos en Sudán, Liberia y RDC. "En Zimbabue, por ejemplo, es corriente el fenómeno del incesto, y recibimos a muchas víctimas menores, violadas en el entorno familiar, y a muchas chicas que están en la primera adolescencia y se ofrecen por dinero". De hecho, en África Austral es usual que padres y hermanos introduzcan a los niños en el sexo con rituales de iniciación, que para nosotros es una violación. "Ellos no lo procesan como tal, pero lo es, y también una vía de transmisión del sida", indica Boulanger.
El fin de los conflictos no significa que este tipo de violencia cese ni que la justicia se aplique sobre los violadores. En Liberia, un país en paz desde el 2003, MSF ha visto aumentar el número de violaciones: en el 2005 recibían entre 50 y 60 casos al mes en su hospital de Monrovia, pero este enero han pasado a 200. Y lo más preocupante es que la mitad de los perpetradores son menores de edad, es decir, jóvenes que nunca han conocido otro contexto que el de la guerra. "Es una de la secuelas de la guerra: el intercambio social violento".
En Congo, MSF ha atendido a 4.500 víctimas entre el 2003 y el 2005. La más joven tenía 8 meses; la mayor, 80 años. El 82% de ellas estuvo amenazada con fusil o machete. La brutalidad en estos caso es poco común, como lo indica el número de fístulas vesicovaginales (ruptura de la membrana que separa la vagina del ano). "La falta de justicia y la impunidad animan a seguir por este camino", añade el informe. Desde noviembre, Liberia cuenta con una nueva ley de violación que - ojo- no reconoce la violación marital. "En casi ningún país de África existe la noción de la violación dentro la pareja", afirma Boulanger. En Sudán, un país musulmán donde el tabú es tan fuerte como el estigma que sufren las mujeres, a la impunidad hay que sumar la probabilidad de salir perdiendo si la víctima se decide a denunciar. Ante el tribunal, tiene que probar con la ayuda de cuatro testigos que fue violada. Si no lo consigue y está casada, será condenada por adulterio, y si es soltera, por fornicación.
Fuente: La Vanguardia (3-3-06)