En helenismo retórica significa técnica y arte de hablar bien, y es equivalente a la oratoria. Sus orígenes son griegos, y en la Grecia antigua la manera de hablar importaba tanto, si no más, como lo que se decía. En principio, la retórica se ocupa de la lengua hablada, pero es evidente que sus aplicaciones han trascendido al discurso escrito, que es en cierta manera una transcripción limitada o imitación estrecha del discurso oral.
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"La manera más desagradable de replicar en una polémica es la de enojarse y la de callar, pues el agresor interpreta ordinariamente el silencio como un desprecio." Friedrich Nietzsche[1].
"Nada sé de la literatura actual. Hace tiempo que mis contemporáneos son los griegos." Jorge Luis Borges[2].
En helenismo[3] retórica significa técnica y arte de hablar bien, y es equivalente a la oratoria[4]. Sus orígenes son griegos, y en la Grecia antigua la manera de hablar importaba tanto, si no más, como lo que se decía.
La retórica es a la vez la ciencia (en el sentido de estudio estructurado) y el arte (en el sentido de práctica que reposa sobre un saber demostrado) que se refiere a la acción del discurso sobre los "espíritus" ("lo que mueve", por ejemplo). En principio, la retórica se ocupa de la lengua hablada, pero es evidente que sus aplicaciones han trascendido al discurso escrito, que es en cierta manera una transcripción limitada o imitación estrecha del discurso oral.
La retórica, calificada por Roland Barthes[5] de metalenguaje (discurso sobre el discurso), ha comportado numerosas prácticas presentes sucesiva o simultáneamente según las épocas.
Nació como ciencia hacia el año 485 antes de Cristo en Grecia antigua cuando dos tiranos sicilianos, Hierón y Gelón, expropiaron numerosas tierras de ciudadanos de Siracusa por medio de mercenarios costeados por ellos. Los perjudicados se sublevaron democráticamente y quisieron volver al statu quo anterior, lo que les abocó a innumerables procesos legales para probar que eran propietarios de los terrenos arrebatados. Eso creó la necesidad de personajes que supiesen hablar bien ante la asamblea de jueces para poder defender los derechos de los antiguos ciudadanos a esas tierras. Esa elocuencia vino a transformarse rápidamente en objeto de enseñanza por parte de Empédocles[6] de Agrigento, Córax y Tisias (a este último se le atribuye el primer manual de retórica) y dicha enseñanza se transmitió al Ática por comerciantes que comunicaban Siracusa y Atenas. La retórica demostró pronto su utilidad como instrumento político en el régimen democrático, en siglo V a. C., divulgada por profesores conocidos como sofistas[7], entre los cuales los más conocidos fueron Protágoras de Abdera[8], Gorgias[9] e Isócrates[10], a los cuales se oponía Platón, quien distinguía dos tipos de retóricas:
La retórica sofística, éticamente despreciable, está constituida por la logografía, que consiste en escribir no importa qué discurso y tiene por fin la verosimilitud y la ilusión.
La retórica verdadera, en cambio, es llamada por él psiquegogía o formación de las almas por medio de la palabra.
Para Platón, la esencia de la filosofía reposaba en la dialéctica[11]: la razón y la discusión conducen poco a poco al descubrimiento de importantes verdades. Platón pensaba que los sofistas no se interesaban por la verdad, sino solamente por la manera de convencer, así que rechazó la palabra escrita y buscó la interlocución personal, ad hominem[12]. El modo fundamental del discurso es el diálogo entre maestro y alumno.
Dos diálogos de Platón[13] se refieren precisamente a la retórica: el Gorgias y el Fedro.
En el curso de la Antigüedad, los teóricos de la retórica (Anaxímenes[14], Aristóteles[15], Demetrio de Falero[16], Cicerón[17], Quintiliano[18], Hermágoras, Hermógenes y otros muchos) han ido efectuando poco a poco diferentes distinciones hasta concluir en el esquema siguiente:
Invención (Inventio) o Héuresis: todo lo referente a la búsqueda de ideas y su desarrollo en función del tema por tratar y los destinatarios a afectar.
(Hallazgo de las ideas y argumentos que van a exponerse en el discurso).
Disposición (Dispositio), llamada también Taxis u Oikonomía: todo lo que concierne a la construcción del discurso, sus diferentes partes, sus transiciones etc...
(Disposición de los argumentos e ideas hallados en la Héuresis).
Elocución (Elocutio) o Lexis: todo lo referido a los procedimientos que tocan al estilo, los sonidos, los ritmos etc...
(Desarrollo de las formas y artificios de la expresión).
Memoria (Mnéme): los medios de retener un texto previamente compuesto o de improvisar a partir de un repertorio de formas predefinidas.
(Memorización del discurso).
Acción (Actio): los medios para ejecutar un discurso: pronunciación, adaptación al momento y público concreto, como haría un actor.
(Preparación de las entonaciones y los gestos adecuados).
Es así como, en la Retórica están ya establecidas de manera explícita las fases de elaboración del discurso, que más tarde han sido conocidas como la "Partes de la Retórica.
Por otra parte, es preciso notar que, desde la Antigüedad, la división en invención, disposición y elocución es un artificio: muy a menudo, el retórico es conducido a estudiar unos procedimientos que revelan simultáneamente numerosas categorías. Es así como el ethos, que concierne a la imagen que uno quiere dar del locutor, que se trata del autor mismo o de un personaje que pone en escena, el ethos pone en juego a la vez la invención, la disposición, la elocución y la acción.
Después de Aristóteles, los estoicos y, en especial, Zenón de Elea (finales del siglo IV) y Hermágoras de Temnos (siglo II), resucitaron la tensión entre la dialéctica y la retórica. Hermágoras realizó notables aportaciones a los discursos jurídicos y dividió el campo de las competencias retóricas en thésis (cuestiones generales) e hypothésis (cuestiones particulares).
Etimológicamente, la Retórica (Tekné Retoriké) es la ciencia (o técnica) del discurso y, para Córax y Tisias, el principio en que se basaba era que lo que parece verdad es más importante que lo que es verdad. La Retórica es, pues, en los orígenes, un arte pragmático cuya única eficacia y valor se sustenta en sus efectos prácticos: convencer.
Gran parte de las opiniones que sobre la Retórica se han vertido en el último par de milenios, están condicionadas por esa deliberada preterición de la verdad, en aras de la apariencia, por lo que "retórica", es una palabra cargada de connotaciones negativas, a pesar de Aristóteles o Cicerón, contrarios al principio establecido por Córax y Tisias. Por otra parte, desde un punto de vista estrictamente formal, el abandono de los estudios retóricos se debió en parte a que "retórica", se convirtió - por motivos cuya explicación excede los límites de estas líneas - en sinónimo de "mala retórica": técnica, artificio, ornamento, mero formalismo: "No me venga usted con retóricas" le decimos a quien hace sofisterías o aduce razones que no vienen al caso.
El primer autor del que poseemos textos sobre temas retóricos es el sofista Gorgias de Lentini (circa 483-380). Fue Gorgias quien distinguió entre los varios tipos de discursos, y también el primer identificador de las "figuras".
Contra Gorgias y los sofistas escribió Platón (427-347), oponiendo a la retórica de los sofistas la dialéctica. En ésta, la epistéme (la ciencia) prevalece sobre la dóxa (la opinión); la verdad sobre lo opinable y es, por tanto, superior. En sus diálogos Eutidemo y Gorgias, Platón hace una severa crítica de la retórica sofística, negándole incluso el carácter de tekné, arte o técnica que los sofistas le atribuían. En su diálogo de madurez Fedro, Platón vuelve a ocuparse de la retórica: aquí, no para hacer una condena global, sino para distinguir entre una "falsa retórica" (la que hace ostentación de una apariencia de verdad) y la "verdadera retórica", un tipo de arte que es "capaz de conducir al oyente hasta la verdad y hacer que la verdad actúe en el oyente".
La gran sistematización retórica proviene de Aristóteles (384-321). En su Retórica emprende una teoría general de la argumentación, sintetiza la retórica y la dialéctica (Libros I y II) y establece una teoría de la elocución y de la composición del discurso (Libro III).
Crea una teoría de los géneros oratorios que divide en Judiciales, Deliberativos (sobre temas de política, guerra y paz o hacienda pública) y Epidícticos (destinado al encomio o al panegírico).
La retórica romana es, en general, una reelaboración de la retórica griega y, en particular, de Aristóteles y los postaristotélicos.
Marco Tulio Cicerón (106-43) trata la retórica en diversas obras: en Brutus hace una revisión de la oratoria latina hasta sus propios días; en De oratore, en tres libros, expone sus tesis sobre la Retórica y que es su obra maestra; en el Orator, investiga sobre la prosa y el ritmo. Escribe, además, otros tratados menores (De optimo genere oratorum, las Partitiones oratoriae y los Topica).
Cicerón realiza una defensa acendrada de la Retórica como arte, sujeto a los condicionantes del tiempo y del espacio, y la considera complementaria de la filosofía, y de la dialéctica y de la lógica en particular.
Marco Fabio Quintiliano (c. 30-95 d. C.) nacido en la hispánica Tarraconense (la actual Calahorra) e hijo de un rétor, compendia en los doce tomos de la Institutio Oratoria, las tesis de la Retórica antigua de una manera clara y didáctica. No es, pues, una obra de creación sino una summa de las doctrinas anteriores, pero su importancia en los siglos posteriores fue enorme.
La Retórica medieval "hereda el conjunto de los sistemas retóricos y poéticos greco-romanos como un bloque único sin advertir los hiatos, y, menos aún, el fin de una época, en la ininterrumpida transmisión de la cultura antigua", en palabras de Mortara. A partir del siglo II, toma cuerpo la oposición entre la tradición pagana y la emergente doctrina cristiana. Este hecho tiene particular incidencia en los discursos de los apologistas para defender sus tesis frente a los discursos anticristianos. Por otra parte, se genera un discurso antirretórico basado en la presunta llaneza del mensaje evangélico (el sermo humilis).
Más que tratados sobre la Retórica, encontramos en la Alta Edad Media colecciones de discursos, preferentemente judiciales, sobre estos temas.
Agustín (354-430), rétor de profesión, había rechazado el estilo de las Escrituras, considerándolo bajo y soez antes de su conversión al cristianismo. Después, creyó entender que la llaneza del mensaje bíblico tenía como misión la de hacerse inteligible a todo el mundo y que la profundidad de sus contenidos era tal que, a menudo, pasaba inadvertida para los espíritus más superficiales.
En De Doctrina Christiana intenta aplicar los conocimientos retóricos escolares a la predicación de la fe. Siguiendo el modelo ciceroniano de los tres niveles de estilo, propugna el estilo humilde para la exégesis de los textos bíblicos ya que su fin es educar (docere); el estilo medio, lleno de figuras, para el discurso epidíctico ya que su fin es elogiar o vituperar (vituperare sive laudare); el estilo elevado para inducir a la acción.
En el siglo IV, Elio Donato (circa 450) incluye en su Ars Grammatica el estudio de las figuras retóricas como un medio para adiestrar la inteligencia del estudiante en las sutilezas del lenguaje. Esta inclusión significa en la práctica que la normativa para escribir correctamente, incluye también el de escribir ornadamente. La influencia que en los siglos sucesivos iba a tener esa gramática, determinó uno de los caminos más interesantes que la Retórica iba a seguir en el futuro, puesto que hizo que la literatura, el arte literario en su pureza de ars gratia artis, liberase en parte a la Retórica de la obligación suasoria y pragmática que hasta entonces había tenido.
A partir del siglo V, y gracias sobre todo a la actividad compilatoria de Boecio (480-524) en su Organon, se configuran los estudios de los artes liberales (Gramática, Dialéctica, Retórica, Geometría, Aritmética, Astronomía y Música) donde, como se ve, aparece entre ellos la Retórica.
Prisciano (circa 500) escribe su Institutio de arte grammatica que llegó a ser sinónimo de nivel superior de estudios gramaticales en la medida que el Ars Grammatica de Donato lo era de grado elemental. Su traducción parcial de los Progymnásmata de Hermógenes, tuvo una gran influencia posterior puesto que los Progymnásmata (conjunto de ejercicios de redacción para ejercitarse los estudiantes de retórica) determinaron gran parte de la temática y el estilo de la literatura medieval.
Isidoro de Sevilla (570-636) establece en sus Origines (pronto conocidos como las Etimologiae) el diseño de los estudios universitarios medievales, al situar las siete artes liberales como propedéutica del estudio profundo de todas las demás materias profanas o religiosas.
Isidoro establece, asimismo, el siguiente orden en los siete artes: Gramática, Retórica, Dialéctica; Aritmética, Música, Geometría y Astronomía. Las tres primeras configuran, el Trivium; y las cuatro últimas, el Cuadrivium. Trivium y Cuadrivium fueron el curriculum de los estudios universitarios durante toda la Edad Media, por lo que la Retórica era una materia estudiada y conocida por todas las personas de cultura. Este hecho supone la pérdida de la "virginidad" supuesta a las literaturas de transmisión oral, y da lugar a la literatura de origen culto, ejercida por estudiosos o estudiantes versados en los procedimientos de la Retórica.
El Humanismo vuelve a plantearse la tensión entre Retórica y Dialéctica en la que ésta última sale derrotada merced al carácter pragmático de la Retórica y al atractivo de su vestimenta (el Ornatus).
A mediados del siglo XVI se descubre y traduce la Poética de Aristóteles. Los tratadistas hacen de ésta una lectura que les lleva a despreciar la Retórica en beneficio de la Poética, que se percibía entonces más útil, desde un punto de vista instrumental, para afrontar los retos que se planteaban al enfrentarse a los nuevos géneros literarios emergentes (la novela, la nueva comedia, etc.).
El descrédito de la Retórica la lleva a ser considerada meramente una doctrina del Ornatus.
La teoría barroca del ingenio señala el auge de las artes de la palabra, puesto que la palabra sirve para manifestar las relaciones más ocultas entre las cosas mediante el "concepto". Se invierten entonces las opiniones aristotélicas sobre la mesura y se entra en la exageración barroca: donde Aristóteles había predicado no trabajar en la metáfora sobre entidades excesivamente distantes, los literatos barrocos buscan emparejar los conceptos más lejanos y fundir en uno solo, no ya conceptos distantes, sino, a veces, contradictorios. En eso consiste el "ingenio", teorizado por Baltasar Gracián (1601-1658) en Agudeza y arte de ingenio y puesto en práctica en el Oráculo manual y arte de prudencia.
A partir de entonces la Retórica se centró en la Elocutio, y especialmente, en el estudio de las figuras y descuidó los otros aspectos (la Dispositio y la Inventio, fundamentalmente) que sólo modernamente la Narratología (que estudia los núcleos temáticos y las estructuras narrativas) han vuelto a retomar.
En lo que concierne a la retórica contemporánea, esta ha prescindido del discurso oral, y por tanto la memoria y la acción, que le eran específicas, han perdido su importancia en favor de las otras disciplinas. Se considera actualmente que es útil para actores, abogados, psicólogos, políticos, publicitarios, escritores y vendedores. La invención, sola o conjuntamente con la disposición, es a menudo llamada argumentación[19]; la elocución se subdivide, como habían determinado ya los teóricos de la Antigüedad, en un gran número de puntos de vista sobre el discurso a hacer (arte de la retórica) o sobre el discurso ya hecho (retórica como ciencia): sobre el vocabulario (registros de la lengua), sobre los ritmos y las sonoridades, sobre la forma y la estructura de las frases (sintaxis, parataxis, hipotaxis, tipo de progresión remática, periodo, estilo comático, etc...), sobre las microestructuras de composición, sobre las figuras o recursos estilísticos (tratado por la estilística)... Ernst Robert Curtius[20] estudió el poderoso influjo que ejerció la retórica clásica sobre la literatura medieval, renacentista y barroca en su Literatura europea y Edad Media latina, traducido al castellano en 1955. La retórica clásica, compilada por filólogos como Heinrich Lausberg en los tres volúmenes de su Manual de retórica literaria. Fundamentos de una ciencia de la literatura, traducidos al castellano en 1984, ha pasado en la actualidad a renovarse con las aportaciones modernas de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, que en 1958 publicaron un fundamental Tratado de la argumentación, traducido al castellano en 1994; la disciplina creada a raíz de este libro se denomina desde entonces Neorretórica o Retórica de la argumentación.
La Argumentación es la disciplina de la lógica informal que estudia las técnicas discursivas que permiten producir o acrecentar la adhesión de un auditorio. Esta producción es la acción de un orador que trata de lograr la adhesión de un auditorio mediante el buen uso de técnicas discursivas. Es una disciplina normativa, puesto que no enseña a argumentar de la mejor manera. Pero si describe los diversos actos argumentativos utilizados en política, en derecho, en ámbito religioso, académico, los medios, etc., y trata de explicar los mecanismos argumentativos.
Por ello, se denomina "teoría de la argumentación" al estudio de las estructuras formales en el arte de argumentar como proceso comunicacional. En esta teoría de conocimientos definida como Lógica informal - Filosofía Analítica, movimiento del Positivismo Lógico y tendencias similares, racionalismo crítico de Popper, se planteó la pretensión de que la lógica estándar debía ser la pauta universal o única perspectiva válida para observar también cualquier proceso comunicacional de argumentación, es decir, no sólo la argumentación científica o teórica sino cualquier interacción comunicacional en el ámbito cotidiano, jurídico, religioso etc. La validez o no de tales argumentos debería, según esa concepción, ser enjuiciada desde los criterios de la lógica pura. Partiendo en gran parte de esta evolución se ha iniciado una reflexión teórica sobre la argumentación que ha dado lugar a la nueva "Teoría de la Argumentación".Estas pretensiones dieron lugar, en el amplio escenario de la discusión filosófico y meta-teórica a una serie de reacciones. Gran parte de la obra de Wittgenstein parece haber surgido precisamente como reacción ante esas pretensiones totalitarias de los logicistas. El renacimiento de la vieja Retórica (o de la Tópica aristotélica) es otra reacción ante esos planteamientos. La argumentación realizada en el contexto de la discusión jurídica, donde el argumentar tiene primariamente la finalidad pragmática de lograr el asentimiento de la otra parte, ha dado lugar a los estudios de la llamada "Nueva Retórica" Perelman, 1968, la cual partiendo en gran parte de esta evolución ha iniciado una reflexión teórica sobre la argumentación que ha dado lugar a lo que llamamos nueva "Teoría de la Argumentación".
Concluimos diferenciando que la lógica formal, está estructurada sobre la demostración, esto implica la existencia de un cúmulo de pruebas, que partiendo de unas verdades o hechos relevantes, tienden a comprobarse. Es sin duda una actividad deductiva. En la argumentación se hace uso del razonamiento y a través de este ejercicio dialógico, intersubjetivo, se exponen unos puntos de vista, ideas o tesis ante un auditorio para convencer o persuadir o disuadir con razones como medio de prueba. La argumentación se formula en lenguaje ordinario, la lógica formal en lenguaje científico.
Autor: Mtro. Arnoldo Moreno Pérez
Asesor Técnico de la Dirección General del IPN, comisionado en el Laboratorio de Cronobiología Médica de la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía del mismo instituto.
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