La separación le cobró una amarga factura en forma de dinero, salud emocional, vida social, apoyo familiar, auto estima, relación con los hijos y esperanza. Nunca se imaginó que el hecho de proporcionarse una segunda oportunidad le impondría tan alto costo. Al revés, pensaba que sentiría alivio, ganas de empezar una nueva vida, y que volvería a salir otra vez al mercado con todas las oportunidades que este ofrece.
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Pero los eventos se concretaron de forma distinta: ni su ex mujer comprendió que se quisiera ir de casa, ni sus padres, ni los niños, ni los vecinos, ni los amigos. De un plumazo se transformó en monstruo.
El frenesí.
Empezó a vivir todo lo que no había vivido de un modo frenético, a modo de auto terapia, aprovechando el minuto por si se acababa el tiempo. No hubo oportunidad que no gozara, consciente de que estaba aprovechando su segunda oportunidad para ser feliz.
No tardó mucho en encontrar la verdadera mujer de sus sueños. No tenía ninguna duda, era ella. Presintió que la conocía de toda la vida. Había comunión, complicidad, reconocimiento. Era la mujer que siempre había anhelado. Se sentía privilegiado por los hados ya que no habían pasado ni seis meses de su separación. Le faltó tiempo para presentarla a sus amigos y familia. Su hermano, que no se cortaba con inhibiciones, le comentó que para salir con esa chica no hacía falta que hubiera cambiado, pasando por todo lo que había pasado, se parecía demasiado a su ex mujer.
El rebote.
Una relación de rebote es aquella que se inicia cuando la persona aún no ha superado el dolor de la anterior, elaborando sus sentimientos de pena o rabia. Es durante ese proceso, llamado duelo, cuando la persona reflexiona sobre los errores que se cometieron en la anterior pareja, y lo que no debe volver a ocurrir en la próxima para que funcione. Después de una ruptura, existe con frecuencia un afán por creer anticipadamente que uno ya está recuperado. Sin embargo, recobrarse de la separación de una pareja importante tarda por lo menos un año.
Identificar el error
Existen unas pistas para saber si uno se ha enamorado de rebote. Aunque normalmente no gusta admitir que es así, existen algunas regularidades que lo atestiguan:
- Sentirse triste, enfadado o con afán de venganza hacia la ex pareja indica que existe aún un vínculo emocional con ella, ya que esto puede hacer que ella esté constantemente en nuestros pensamientos. Por otra parte existe el peligro de desplazar inconscientemente esa rabia a la nueva pareja.
- Sentir que la vida está vacía sin una pareja. Esto significa que la persona no se ha adaptado a tener una vida fuera del ámbito de la pareja. Es distinto desear una pareja que pensar que la vida no tiene sentido sin ella. Iniciar una nueva relación por no poder estar solo puede ocasionar que la potencial pareja se establezca sobre la base de vínculos de dependencia. Siempre es más deseable elegir la pareja cuando uno ya se ha sentido a gusto de forma independiente, que formarla a partir del temor a estar solo.
- Idealizar la pasada relación y desear recrearla. Esto comporta el peligro de percibir al futuro compañero como un sustituto. Puede surgir el deseo de que la nueva pareja se encuadre dentro de unos esquemas predeterminados sobre la función que va a desempeñar. De este modo puede ocurrir que se elija inconscientemente una pareja muy similar a la anterior y se reproduzcan los mismos problemas de antes. También uno podría tender a actuar del mismo modo que lo hacía con la pareja anterior.
Enamorarse antes de hora.
Si bien es preferible elaborar el proceso de sanación antes de emprender una nueva vida, no siempre los hechos suceden como conviene que sucedan. Esto no significa que las parejas de rebote no puedan funcionar. Lo que sí sería conveniente es que ambos componentes de la pareja no dejaran de ser muy conscientes de los problemas que pueden florecer.
Isabel S. Larraburu - Psicóloga clínica
larraburu@compumedicina.com
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