A pesar de que estamos ante la "feminización de la inmigración", ellas siguen siendo invisibles para la sociedad. Nos enteramos de la existencia de casi dos millones de mujeres inmigrantes sólo cuando los medios de comunicación se escandalizan por la prenda de una de ellas, o cuando sorprende que la mitad de las mujeres asesinadas por el terrorismo de género sean extranjeras.
Pasan desapercibidas porque la sociedad de acogida les ha colocado al escalón más bajo de su pirámide, después del hombre y la mujer nativos, y el hombre inmigrante.
Aunque con títulos universitarios, la triple condición de mujer-extranjera-pobre, que muchas veces va acompañada por el plus del "color de piel" o "credo religioso" arrojan a muchas de ellas a los puestos de trabajo con escasa regulación, jornadas interminables y hasta nocturnas. Sueldos míseros que se empapan de la xenofobia, humillación y abusos sexuales.
Se encuentran absolutamente desamparadas varias miles de mujeres secuestradas y extorsionadas para ser explotadas en el violento y degradante negocio de la prostitución, convertidas además en rehenes de deudas impagables; mujeres a las que se les ha negado el derecho a denunciar a sus captores ya que al estar en una situación irregular la ley les niega la asistencia jurídica gratuita.
Sin tener voz en el proceso de la toma de decisiones que le afecta directamente, las autoridades primero y los maridos segundo, determinan su destino como si de un menor se tratara, cuando en muchas ocasiones son la verdadera cabeza de la familia.
Otras miles que están aquí por reagrupación familiar, se encuentran económica y administrativamente atadas del marido. En caso de la denuncia de los malostratos, ellas se quedarían no solo sin su apoyo, sino que al carecer de un permiso de residencia independiente serían consideradas "irregulares" y por lo tanto tendrían que marcharse. Razón por la cual -más si hay hijos por medio-, les impide solicitar ayuda y salvarse del infierno que se convierte su hogar.
Si todo este rosario fuera corto, los estereotipos preconcebidos acerca de la procedencia de ellas está llevando a algunos responsables de la sociedad al grave error de "culturizar" los problemas, o al paternalismo malentendido de "respetar sus tradiciones"-¡casí siempre las facetas discriminatorias de éstas en nombre del milenario sistema patriarcal!. Lo cual les impide ver la principal preocupación común de las inmigrantes -árabes, pakistaníes, latinas, europeas, entre otras-, que no es otra que tener los dichosos "papeles", independientes de sus familiares varones.
Mujeres libres de todos los colores, por una sociedad libre y justa.
Nazanín Amirian