Anónimo escribió "Las emociones son aquello que nos aporta un distintivo con las máquinas. Hoy día ellas son capaces de pensar y de tener datos igual que los seres humanos, pero no pueden sentir. Pero por otra parte, el ritmo de la sociedad cada vez va más dirigido a la deshumanización de los hombres, ya que existe mucha presión y se da más importancia a lo que se debe hacer y producir que a lo que cada uno puede sentir.
Pero no hay que olvidar que las emociones no se pueden eliminar. Siempre están ahí, con nosotros, nos ayuda a entender la realidad que nos rodea y desde luego nos hacen saber que estamos vivos.
También es cierto que no todas las emociones son gratas de tener y de notar. La tristeza, el enfado, el odio o al envidia son emociones negativas que parece que no nos aportan demasiado. Pero si no podemos sentir lo malo... ¿cómo vamos a poder disfrutar lo bueno?.
Ninguna emoción es mala o buena por definición, todas forman parte de nosotros. El problema surge, cuando se intentan eliminar algunas de ellas y queremos transformarlas todas en alegría y bienestar. Al no poder ser eliminadas lo que quedan son escondidas y acumuladas, pero según va pasando el tiempo cada vez hay más emociones acumuladas que terminan por pudrirse dentro de nosotros. Es por esa razón, cuando a veces por motivos muy pequeños terminamos explotando de una forma muy exagerada y desmesurada para el estímulo que lo ha provocado. En ese momento es cuando salen todas las emociones que hemos ido guardando e ignorando y salen como si fuese un monstruo que dormía en nuestro interior.
Para evitar esto es importante tolerar también emociones que en principio nos hacen sentir mal que también hay que pasar. Por ejemplo cuando muere un ser querido no podemos continuar nuestra vida como si nada. Llorar y lamentar su pérdida es doloroso, pero es humano, y el pasarlo y desahogar la pena, me permite continuar luego superando ese dolor. Si en lugar de eso lo guardo puedo estar años y años explotando sin sentido y huyendo de escuchar lo que mi corazón me pide a gritos: un poco de comprensión.
Sentir, soñar, expresarnos y comunicarnos entre nosotros, es la sal de la vida, si la eliminamos surgen problemas de todo tipo: depresión, ansiedad, estrés, bloqueos, insomnio... ¿Merece la pena pagar ese precio sólo por el temor a sentir?. Yo creo que no.
María Jesús Adán Meléndez.
Psicóloga y directora del Centro Psicológico Adán.
http://www.psicoadan.com
"