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 Maltrato físico y psicológico: cómo identificar sus indicadores y prevenirlos

Relaciones, Amor y SexoAnónimo escribió "Por desgracia, la violencia de género se está convirtiendo en uno de los temas de actualidad en los medios de comunicación. Con frecuencia escuchamos casos de malos tratos dentro del hogar y en las relaciones de pareja, y lo más triste es que muchos de éstos terminan con la muerte de la víctima cuando intenta huir de la situación de agresión. En ese contexto, uno suele plantease cómo una persona puede llegar a esos extremos, cómo se pueden dar estas situaciones y cómo es posible que la mujer tolere ese trato -por parte de quien, se supone, debería quererla más que nadie-, sin mostrar signos de rebeldía, sin pedir ayuda en muchos casos y tolerando esa situación durante años y años.

El problema está en que estas agresiones no se producen de repente. No es común que se dé un noviazgo maravilloso y sin problemas, y que el mismo día de la boda se reciba una paliza que, además, siempre es asumida y no denunciada.

Y es que el maltratador suele saber muy bien cómo proceder y todo maltrato físico suele empezar con un maltrato psicológico que persigue distintos objetivos: aislar a la persona, minar su voluntad y destruir su autoestima. De esta forma, cuando empieza el verdadero infierno de la víctima ésta puede llegar a convencerse a sí misma de que en parte es posible que la violencia que recibe sea culpa suya, por lo que termina por asumir el castigo e intentar enmendar su error de cara al futuro de la relación.

Por eso es tan importante no sólo el trabajo con la víctima una vez que consigue escapar de su agresor, sino también la información para conseguir prevenir que se sigan dando este tipo de situaciones en la sociedad actual. Para ello es imprescindible tener una idea de qué signos nos pueden hacer pensar que estamos siendo víctimas de un maltrato psicológico y que con el tiempo puede llegar a más.

El maltrato físico está muy bien definido: es todo aquello que implique una intrusión sobre mi espacio vital y que conlleve un contacto físico doloroso y mal intencionado de otra persona. De un modo más coloquial, el maltrato físico son bofetones, palizas, golpes, patadas, empujones, tirones de pelo, pellizcos y todo lo que dañe el cuerpo humano.

Ahora bien, el maltrato psicólogo es más difícil de definir, ya que hay algunas formas de actuar que muchas veces se confunden o se justifican como un exceso de amor por parte del otro, como todo lo que tiene que ver con el deseo de posesión sobre la otra persona.

En cierta ocasión tuve una paciente que se encontraba en el comienzo de una relación de maltrato psicológico por parte de su novio. Era una joven de 16 años y era la primera relación estable que tenía. Llevaban juntos un par de años cuando yo la conocí y los signos eran claros, tanto por parte del novio hacia ella, como en las consecuencias que dicha situación estaba teniendo en su autoestima. La pareja presentaba celotipia, no la dejaba salir con sus amigos, la seguía cuando no estaba con él, había un control absoluto sobre sus llamadas y sus emails, así como insultos y discusiones cuando ella mostraba el menor indicio de rebelarse.

Se lo planteé a la madre un día intentando que orientase a su hija sobre esta relación y le expliqué lo dañina que podía llegar a ser largo plazo. Recuerdo que me dijo en un tono de voz sereno: “Yo conozco al chico y no es malo, simplemente está muy enamorado de mi hija”. No hay que confundir el amor con la posesión. En este caso, al poco de plantear el tema a la familia se llegó a producir una agresión física en forma de agarrones que dejaron marcas de moratones en los brazos de la joven que, para entonces, había adelgazado hasta los 45 kilos. Afortunadamente esta chica consiguió poner fin a la situación en ese preciso momento porque había recuperado, en parte, la confianza en sí misma.

El amor es libre y nos permite realizarnos personal e individualmente desde la compañía del otro. Ahora bien, cuando se convierte en un deseo de control constante, en una obsesión por parte de alguno de los dos miembros de la pareja, en un acoso o un exceso de celos, es cuando estamos hablando de un problema que, con el tiempo, puede derivar en algo más grave.

Como decíamos y de cara a poder tener una idea de lo que son o no signos de maltrato psicológico, vamos a señalar algunas pistas a este respecto:

  • La pareja coarta las relaciones personales, familiares y/o de realización personal, es decir, lo primero que tiende a hacer el maltratador es a aislar a la víctima de cualquier entorno que más adelante pueda servirle de ayuda.
  • Celotipia.
  • El maltratador impone lo que la víctima debe comprar, cómo se debe vestir o la insulta si hay algo en su atuendo que no le agrada: hay que diferenciar entre preferencias o sugerencias por parte de la pareja en lo que se refiere a la vestimenta, y las discusiones violentas y exageradas que pueda provocar por ejemplo una minifalda.
  • Se producen insultos, malos modos, descalificaciones personales hacia la víctima y faltas de respeto en general.
  • Hay un control absoluto sobre todo lo que hace, quiere hacer, piensa o dice la futura víctima.
  • Se producen agresiones o conductas violentas hacia objetos inanimados delante de la víctima y en un contexto de enfado.
  • Se culpabiliza a la víctima de ser ella quien provoca todas las situaciones de tensión y quien hace mal las cosas para sacar de quicio al agresor: cada uno es responsable de su propia ira y, por lo tanto, aunque los enfados son corrientes en relaciones de pareja, la pérdida de control que pueda tener cada uno de los miembros no es nunca responsabilidad del otro, siempre es responsabilidad de quien pierde el control.
  • Se producen comentarios machistas o sexistas sobre el rol y el papel sumiso de la mujer en una sociedad donde esto está totalmente desfasado.
  • Si se produce una situación de convivencia es muy común que el maltratador tenga todo el poder económico y no permita a la mujer acceder con facilidad a un mínimo de la economía familiar, por lo cual se crea una mayor dependencia hacia él, manteniendo una vez más todo el control sobre la otra persona.
  • Existen fuertes presiones para tener relaciones sexuales.
  • Hay chantaje emocional o amenazas directas, un indicio de un posible maltrato futuro.

Todo esto que hemos señalado son pistas muy claras para saber identificar cuándo se está produciendo un maltrato psicólogo que, con el tiempo, puede y suele derivar el uno físico. Tanto uno como otro son dañinos para la víctima, ya que en ambos casos las secuelas son las mismas.

De hecho, el maltrato físico sólo añade lesiones, fracturas y deterioro del cuerpo, pero la baja autoestima, la destrucción de la personalidad de la víctima, la sumisión, la indefensión, el sentimiento de culpabilidad, el aislamiento y la soledad, son consecuencias que se producen en ambos tipos de maltrato y que tienen como objetivo atrapar a la víctima por tiempo indefinido. No hay que olvidar que la mujer genera una dependencia hacia el marido, pero no como tal, sino potenciada por el sentimiento de miedo.

Si el miedo se vence puede ser libre de él y echarle valor para poder escapar de la situación. Pero el maltratador genera una dependencia hacia su víctima mucho mayor, basada en el dominio, en el control, en la posibilidad de exteriorizar toda la ira que lleva en su interior. Si no tiene una víctima no tiene nada y no tiene medio de ser él mismo, de sacar el monstruo que lleva dentro y que le devora.

Por esa razón, cuando la mujer plantea la separación es cuando la situación se torna más peligrosa para ella y cuando es necesario poner todos los medios legales que estén a su alcance para mantenerla alejada de ella a la persona que intentará hacerla daño. Y es que hay que tener en cuenta que el maltratador genera hacia su víctima un sentimiento de propiedad, no de amor, y como propiedad que es, no concibe que ella pueda seguir con su vida sin mediar él. Del mismo modo que cuando algo no funciona lo tiramos, para el maltratador si no tiene a su víctima nadie más la puede tener y su objetivo es destruirla.

La información siempre es poder y en este tipo de casos más aún. Cuanto más sepamos sobre cómo funciona el maltrato más podemos evitar estas situaciones. Cuanto más nos valoremos a nosotros mismos, menos seremos objeto de insultos o vejaciones por parte de los demás.

Pero la prevención no es lo único que debemos de tener en cuenta: también debemos saber cómo ayudar, qué hacer y cómo salir para que todo pueda tener un final feliz y se pueda volver a recuperar una vida que había quedado aplastada por la presencia del maltratador.

Una vez que se ha pasado la barrera de lo psicológico a lo físico es fácil continuar cayendo en la trampa del otro. Tras cualquier agresión física lo que se suele producir es un arrepentimiento igualmente exagerado y brutal por parte del hombre que suplica, conquista, promete que nunca volverá a suceder, se humilla y que está dispuesto a hacer cualquier cosa para enmendar su error. Como en toda relación siempre median los sentimientos es fácil perdonar un bofetón y volver en brazos de un hombre que parece sinceramente dolido por cuanto ha ocurrido y que según te recibe en su regazo hace de todo por compensarte: se muestra nuevamente cariñoso, te seduce, te mima, te hace un montón de regalos… -lo que podríamos denominar como un bombardeo de amor o una pequeña fase de luna de miel-.

Esta situación dura hasta que todo poco a poco va volviendo a la normalidad, él se vuelve a cargar de tensión y finalmente termina por explotar del mismo modo o seguramente de un modo más agresivo que la vez anterior, creando una gran confusión y un nuevo sentimiento de culpabilidad en la víctima que termina por creer que es ella quien le hace perder los nervios.

En este punto, es importante saber que una vez traspasada la barrera de la agresión física y la pérdida de respeto que implica, no hay marcha atrás. Por mucho que él prometa y suplique, la barrera ya ha sido traspasada y volverá a hacerlo tantas veces como lo desee a lo largo de la relación. Es difícil decir que no a una persona de la que estás enamorada, juegan con esta ventaja, pero aunque todo el mundo merece una segunda oportunidad, hay ciertas segundas oportunidades que suponen un riesgo demasiado elevado como para concederlas: en la pareja con uno que quiera, no basta. Tampoco es suficiente con que uno tenga una forma especial o distinta de expresar amor. El amor es generoso y desinteresado, cuando deja de ser así, ya no hablamos del mismo concepto.

Teniendo en cuenta todo esto, a modo de conclusión vamos a señalar algunas pautas a seguir una vez que la mujer ya se encuentra en una situación de maltrato y cómo proceder para poder escapar de ese matrimonio. Para ello hay que recordar:

  • No perdonar ni una sola bofetada.
  • Denunciar cualquier agresión que pueda ser demostrable penalmente, mediante informes médicos o testigos si los hubiera.
  • Atarse lo menos posible al maltratador una vez que ha sacado su verdadera cara, es decir, intentar evitar el embarazo a toda costa o compromisos económicos que aten a la pareja a nivel legal o burocrático.
  • Dejar a un lado la vergüenza o la culpa: muchas veces estos temas permanecen encubiertos en el seno familiar por temor a reconocer lo que está ocurriendo, por el miedo al qué dirán o por sentir la víctima que es responsabilidad suya. Hay que vencer esos sentimientos y arriesgarse a sacarlo a la luz.
  • No aislarse, intentar pedir ayuda, retomar amistades y, desde luego, la relación con la familia de origen si se hubiese perdido.
  • Acudir a las asociaciones de mujeres maltratadas.
  • Buscar un medio económico independiente del marido para poder valerse por una misma una vez que se escape de esa situación.
  • No atarse a la posibilidad de que él cambie: si en todo el tiempo que ha durado la relación no ha hecho más que empeorar, entonces no hay esperanzas de que se dé cuenta y mejore.
  • Promover siempre la justicia de tal modo que sea castigado por sus delitos y que no quede libre de culpa. Si queda en libertad es peligroso para la pareja y desde luego podría volver a ocurrirle a otra persona igual.

María Jesús Adán Meléndez
Psicóloga y directora del Centro Psicológico Adán
http://www.psicoadan.com

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