Soy conciente de cuánto cuesta conectarse con la posibilidad de la propia muerte: a veces el sacudón que nos produce la muerte de un familiar o amigo cercano nos lleva a darnos cuenta que hay ciertas cuestiones que tenemos que planificar, emprolijar, legalizar, por un día nuestra vida llegará a su fin y no sabemos cuándo.
Liliana perdió a su madre cuando eran joven. Vivía con el padre en un lujoso piso. El padre se volvió a casar y tuvo otra hija. Antes de eso, vendieron ese bien y lo repartieron entre ellos, pero no en partes iguales.
Liliana recibió una porción menor que se compensaría mediante una cesión de derechos del padre hacia ella en la sucesión de los abuelos maternos.
Si bien tramitó esa sucesión, para evitar gastos, nunca se firmó la cesión.
Liliana era joven y pensaba que habría tiempo para hacerlo.
El padre acaba de morir y la viuda (esposa del segundo matrimonio) incluirá en la sucesión ese bien que el padre de Liliana había acordado de palabra cederle. Es decir, bienes provenientes de la familia materna van a ir a parar a manos de la segunda esposa del padre.
Esta sabía del acuerdo verbal, pero no lo piensa respetar. Ahora es tarde para emprolijar las cosas.
Juan enfermó súbitamente con mal pronóstico. Tenía hijos biológicos e hijos del corazón. Cuando tomó conciencia de la cercanía de su muerte, quizo comenzar a organizar las cosas, para proteger a todos.
Comenzó a consultar profesionales, pero antes de tener las respuestas, ya había muerto.
Pronto se abrirá su sucesión y habrá ganadores y perdedores, lo más lejano a su deseo. Pero ya es tarde para evitarlo.
Soy conciente de cuánto cuesta conectarse con la posibilidad de la propia muerte: a veces el sacudón que nos produce la muerte de un familiar o amigo cercano nos lleva a darnos cuenta que hay ciertas cuestiones que tenemos que planificar, emprolijar, legalizar, por un día nuestra vida llegará a su fin y no sabemos cuándo.
No importa la edad. Lo que importa es si hay un patrimonio para dividir.
El momento ideal para planificar es cuando aún estamos sanos y lúcidos. Ni urgidos por un diagnóstico terminal, ni de muy viejitos con Alzehimer, cuando ya nuestras facultades mentales están alteradas y los actos jurídicos pueden no ser válidos.
No sabemos cuánto vamos a vivir: no sólo una enfermedad repentina sino también un accidente o un asalto pueden terminar con nuestra vida cuando menos lo pensamos.
El momento de Planificar la herencia es HOY.
Mirta Núñez
Abogada de Familia, Psicóloga Social, Mediadora
http://www.estudio-juridico-abogados.derecho-de-familia.com.ar/
Directora del boletín "FAMILIA Y PLANIFICACION PERSONAL"
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