Ser mujer es cobrar una mierda por hacer un trabajo diez veces mejor que un inútil a quien pagan el triple por el simple hecho de tener polla. Es ser invisible en la esfera pública a no ser que seas/vistas/pienses/actúes como un hombre, te toque por cuota... o te folles al mamón de turno. Ser mujer es que ignoren tu valía desde papá hasta la sociedad entera, montada a mayor gloria -inconsciente y diabólicamente sutil- del elemento masculino.
Ser mujer significa que cualquier baboso se crea autorizado a acosarte. Y maltratarte. Que te inculquen tu inferioridad desde que naces, tu deber de esposa sumisa y madre amantísima, tu obligación de depilarte. Ser mujer es "tener eso" y sentirte maldita porque "no se puede notar", "no debe traspasar".
Ser mujer es un regalo para que entiendas en propia carne qué implica pertenecer al colectivo marginado más numeroso del planeta.
Y significa también comprender que la marginación sólo existe desde el punto de vista de lo que tiene importancia en el mundo masculino. Que estás mas cerca de la luz, del alma, del amor. Que tienes una predisposición innata hacia lo que hace viva la vida. Que eres oscura, pasiva, receptiva, flexible y fértil como la tierra. Ser mujer es poder no hacer nada y estar haciendo mucho. Es magia. Es bailar con las fuerzas cósmicas que te hablan al oído, más cerquita a tí que a la mayoría de hombres, vencedores orgullosos que creen que no las necesitan.
Ser mujer es saber, porque lo sabes en tus ovarios, llevar bebés a la vida, y cuidarlos, y cuidar a las plantas y animales y la gente, y cuidar a tu cuerpo y tu espíritu, y acompañar a quien muere. Es poder ser una bruja y una maga y la princesa que todos los pretendientes aman. Es coquetería, pintarse los labios, son hierbas mágicas, sentarse y coser, hablar con los pájaros.
Y es también contemplar a los hombres con una sonrisa. Jugar a mentirles: "Me ha gustado mucho" y "El tamaño no importa". Saber volverlos traviesamente locos. Ser mujer es ser suficientemente abierta para verlos como no se ven. Su dimensión más humana, más tierna, infantil, sus brazos que te acogen. Es entender que a pesar de tanta bravuconería social, no son nada sin tí. Ni tú sin ellos. Cargan pesos, construyen cosas, te envuelven de protección como el Cielo envuelve la Tierra.
Ser mujer es mirarte al espejo y ver la Belleza. Y mirar a tu lado y ver a esa insustituible Bestia.
Feliz día del Yin. Y que jamás le falte el Yang.
Mercè Molist
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