La identidad virtual es la información que existe en la red, ya sea cierta o falsa, sobre una persona física o jurídica. En este mundo que está dando un salto hacia una nueva época en la que la clave del poder no está tanto en el dinero ni en el protagonismo político, sino en la información, conocer cuál es nuestra identidad virtual o la de nuestra empresa (cómo se nos ve, qué se dice de nosotros, con quiénes o con qué se nos relaciona...), va más allá de una mera curiosidad y se convierte en un aspecto esencial de nuestros derechos. Publica tus artículos!
Entre ellos, la libertad individual de tener o no tener una identidad virtual. Cada ciudadano debería ser dueño de la información relativa a su persona y se debe reconocer su derecho a disponer de ella.
El marco legal (tanto a nivel local, nacional o internacional) protege a los ciudadanos del uso indebido de sus datos personales. Ciertamente, uno de los pilares de la nueva Constitución Europea es la Carta de Derechos Fundamentales, en la que se reafirma claramente el derecho a la privacidad y a la protección de los datos personales. Pero la red genera tal volumen de información que hace fracasar todos los mecanismos de control para asegurar la privacidad de los datos. Y por si fuera poco, la naturaleza omnipresente de los sistemas de información online hace extremadamente difícil que los usuarios finales puedan identificar el uso indebido de sus datos personales.
Nos guste o no, gran parte de esa información está en la red, y encontrarla, no es tan complicado como parece. Lo tenemos fácil con Google, el buscador que ha transformado su marca en verbo: buscar en la web es simplemente 'googlear'. Más de 200 millones de personas lo hacen todos los días y un alto porcentaje de esas consultas están relacionadas con la búsqueda de datos sobre la vida privada, el trabajo y los gustos de otras personas. Obtener más información sobre posibles socios, pretendientes, empleados o jefes que desean conocer las aficiones o las relaciones de sus empleados, son sólo algunos ejemplos. Antes sólo aparecían en Google las personas famosas, sin embargo, en la actualidad cualquier información personal puede aparecer en el ordenador de alguien que nos busque en Google.
Durante los últimos años, el uso de Internet se ha extendido tanto que en la actualidad es sencillo encontrar en la red todo tipo de datos personales, que van desde la dirección postal, el teléfono particular o las aficiones, hasta la fortuna personal del "googleado". Muchas personas no saben que es posible que sus datos privados aparezcan en Internet y que es posible que esos datos, ni siquiera sean ciertos.
Por otro lado, de la misma manera que solemos decir que "si una empresa no está en internet es que no existe", pronto será importante para algunos profesionales, directivos, políticos, etc...estar en internet. Pero no "estar por estar", sino hacerlo de una forma controlada. Por ello es necesario conocer nuestra "identidad virtual": cómo se nos ve, qué se dice de nosotros, con quiénes o con qué se nos relaciona...
El mundo se ha convertido en algo mucho más amplio de lo que nuestras capacidades físicas pueden abarcar. Y el hecho de pertenecer a una época globalizada nos obliga a aprehender este mundo de forma distinta. Por si fuera poco, parte de este "mundo" está formado por el "ciberespacio", un universo comunicativo por excelencia, donde no existen cosas, objetos o cuerpos, sino sólo representaciones de cosas, objetos y cuerpos. Información codificada en bits que aparece en la pantalla como texto, gráfico o voz.
Y es este ciberespacio el que nos facilita la formación de la identidad virtual desde la perspectiva de los recursos que podemos utilizar para mostrarla y desde las estrategias que movilizamos para interpretarla. Esto supone entender el ciberespacio como un espacio de interacción social tremendamente potente, en el que se establecen vínculos comunicativos basados en el diálogo. Internet no es una extensión artificial de nuestro cuerpo, pero tal vez si lo sea de nuestra mente.
En este entorno en el que las fronteras tradicionales entre lo público y lo privado se difuminan, es necesario que tomemos una actitud proactiva en la construcción y gestión de nuestra identidad virtual. Y es nuestra responsabilidad informarnos y formarnos sobre cómo hacerlo.
En este sentido, uno de los recursos más efectivos para construir una identidad virtual son las bitácoras o weblogs, que están convirtiéndose en algo cotidiano, y que son un símbolo de libertad e individualidad. Las bitácoras, más allá de un foro público en el que expresar nuestras ideas, sentimientos, quejas...nos pueden ayudar a ser alguien en la red, de una forma más o menos controlada por nosotros. A través de una bitácora, uno adquiere una presencia constante en internet, una identidad virtual, incluso un domicilio virtual en el que nuestros interlocutores en la red pueden visitarnos y conocernos mejor.
En fin, lo cierto es que las tecnologías de la comunicación y la información se incorporaron a nuestra vida cotidiana y fue para quedarse. Dominan nuestro mundo y es por ello, que la identidad virtual debe concebirse como un derecho esencial de los ciudadanos de este siglo XXI. Más pronto que tarde nuestros políticos y legisladores deberán tomarse en serio el tema de los derechos virtuales de los ciudadanos y promover leyes relacionadas que los reconozcan y los protejan.
Mercè Castells
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